Querida mía.
Hace ya un tiempo, o quizá demasiado poco tiempo desde que te marchaste, y espero que allá donde viajes todo esté bien.
Nos conocimos hace dos años ya, ¿recuerdas?, nunca me creí en el colegio que fuera a encontrarte, y aquí estamos. Dos años que han pasado volando, ha sido rápido como una patinadora sobre hielo o un cohete en el espacio, sin resistencia alguna, o una tan mínima que daba casi igual su existencia.
Querida mía, contigo he vivido mil cosas, y teníamos planeadas otras mil, que se fueran a cumplir o no daba igual porque realmente me importaba estar contigo. Querida mía hemos viajado a muchos lugares, conocido a distintas personas y vivido algunas aventuras.
Querida mía, lo éramos todo, pero entre ese todo tú te querías ir, te ahogabas en mi y perdías las ganas de luchar por mi.
Querida mía, tú no tenías nombre propio, tú no eras nadie, tú solo eras algo que había cultivado y construido poco a poco en mi deshilachado corazón con pequeños fragmentos de otros corazones, y pequeños grumos de masa que había fabricado con mis manos.
Querida mía, yo dependía de ti, y ojalá volvieras, pero ¿acaso no dependemos todos de cada tú que nos formamos en nuestro interior?
Querida mía, lo siento mucho, porque no fui suficiente para ti, para mantenerte para endurecer la masa que había forjado tras salir de esta oscura habitación donde ahora me encuentro.
Te fuiste cuando nos abandonaron, por el bien de ambos decían algunos, por su bien propio dicen otros, pero cansada de luchar en el corazón y cabeza de alguien que ha estado un año perdiendo todo, decidiste abandonarme tú también junto al nombre propio por quien tanto hicimos, y tanto hizo por nosotros.
Querida mía me encuentro ahora en mi habitación oscura de nuevo, con la luz de la pantalla iluminando el vacío que quedó en mis ojos pero no iluminando lo que quedó deshilachado dentro de mi pecho.
Ni los hospitales, ni los galenos, ni los químicos que ahora tomo a diario para encontrarte me ayudan a hacerlo. Querida mía te fuiste con esa persona que lo merecía todo, y todo se llevó.
Querida mía tampoco te encontré al otro lado de la Estigia, pero ni siquiera Caronte aceptó mi trato.
Querida mía, allá donde te encuentres, espero que goces de tu propio nombre, que a quién consigas llegar a ser lo que fui a ser en su día no sepa desperdiciarte.
Querida mía estoy esperándote, y buscándote, pero no puedo casi ni moverme. Que quién ya se olvidó de mi te acompañe en la buena senda, que quien lucha por mi no se canse, aunque entendería que lo hicieran.
Y yo, querida mía que te busco y lucho por ti, desde que deshilacharon mi corazón, y con él luego hicieron trapos y husos que parece que ya quedan en el ovillo del olvido, miraré hacía el cielo buscando de nuevo la estrella.
Pero parece que de momento, te fuiste con otras personas, y ahora me despido de ti.
Querida mía, hasta siempre
Miguel.
No hay comentarios:
Publicar un comentario