La belleza de los ojos no reside en su color ni su forma, reside en lo que se oculta tras ellos. La dilatación de la pupila al percibir aquello que nos llama la atención, el brillo con el que relucen cuando nos hablan de y con esa persona. La belleza de los ojos pues, reside en la mirada, en esa puerta que nos adentra en esa persona mas que en cualquier parada.
En la mirada guardamos nuestro sueños y nuestros deseos, nuestras preocupaciones y nuestros miedos y es, en si misma, nuestro caja de seguridad en la cual guardamos nuestros sentimientos.
Me dan mucho respeto las miradas, sobre todo mantenerla con alguien que es capaz de entrar fácilmente en tu cabeza. Por otra parte me encanta entrar en la mirada de uno, pues es donde más aprendes de la persona.
Hoy, por primera vez en mi vida, no he sido capaz de entrar en la mirada de alguien. Ella ha entrado como si nada, me ha desmantelado por completo, y me ha hecho reflexionar y replantearme el hecho de marcharme de Burgos una larga larga temporada, huyendo de muchos, persiguiendo la nada.
En el momento en que he intentado entrar yo, aun teniendo la puerta abierta de par en par, no he conseguido entrar. Un gran pánico dentro de mi me inundaba por dentro, veía que todo acababa, que realmente todo lo que había pensado acerca de mi relación con cierta persona no era mas que un mero producto de mi imaginación, que de alguna forma u otra buscaba el refugio de alguien con quien sentirse igual, como el dragón que quiere caminar junto al tigre, solo que en mi caso, realmente siempre he caminado unos pasos por detrás, viviendo de la sombra que arrojaba su luz a su lado.
Lo único que he conseguido ver en su mirada, es la preocupación por la posible pérdida de un ser querido, la seguridad de quien ha vivido un acontecimiento que le cambió la vida por completo, una persona o un momento tras la cual nunca se vio igual. Esa seguridad, esa seguridad que va siempre acompañada del pánico por lo que pueda pasar, generando una armadura tanto exterior como interior como exterior, evitando que nadie lo descubra, evitando que le llene su cabeza.
Hoy me he dado cuenta que no camino junto al tigre, y dudo si realmente lo he hecho alguna vez.
Hoy mi mirada me ha dicho mas de lo que hubiese querido saber, hoy mi mirada me ha vuelto a replantear la posibilidad de huir, hoy mi mirada, me ha traicionado por fin.
Hoy mi mirada, se la ha llevado alguien al fin.
Sed felices
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