"Y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido" reza la canción del maestro. Y que gran verdad, porque ni lo que antes tenía sentido lo tiene, si es que alguna vez lo tuvo.
Y la vida siguió, sin mi pero siguió, nos separamos el día en que nos cansamos, el día en que nos quedamos atrás con el sonido de las palabras que envenenaron mi cabeza, las falsas palabras que me retumban como si de un gran tambor incansable se tratase, palabras falsas adueñadas de mi mente marchita. La imagen de un sufrimiento interno que se lleva, del inútil e innecesario aguante de la copa resquebrajada por el contenido que en el fondo yo introduje y que ahora no se quiere vaciar, porque por fin ha encontrado donde sentirse cómodo.
Y ahora estamos en el después, y siguiendo con las grandes frases del maestro, "Lo malo del después son los despojos que embalsaman al humo de los sueños,
los teléfonos que hablan con los ojos,
el sístole sin diástole sin dueño". El después que yo mismo me puse por una vez ya no para porteger a los demás si no a mi mismo. Vuelvo a sacar mi vieja armadura de perdedor, mi vieja capa de cobarde que se esconde en las sombras. Utilizo la cuerda para huir, para no pasar por lo que ya he pasado, aunque es tarde, la dama soledad ya me ha propiciado su compañía.
Pero observando de lejos como bien acostumbraba todos sonrien, lo cual hace que mi camino se haga menos oscuro por un lado pero mas frío por otro.
Otra vez me he vuelto a hacer lo mismo, otra vez he perdido lo que tenía otra vez. Otra vez he escogido la solución más drástica sin ser la verdadera solución. Pero lo acostumbrado que estoy a ello no hace muy difícil el volver a ello.
Lo peor de todo esto, cuando ha terminado, es cuando al punto final de los finales no le siguen dos puntos suspensivos
Sed felices
No hay comentarios:
Publicar un comentario