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sábado, 7 de noviembre de 2015

El romanticismo está muerto

Tengo una mala noticia que daros: El romanticismo ha muerto.

Ha muerto la caballerosidad, el amor que vibra con el latido de un corazón. Han muerto los versos de los poemas de Becquer, las mariposas que revolotean en nuestro estómago y la felicidad que proporciona enamorar a alguien.

El romanticismo ha muerto, se perdieron las historias bonitas de persecución bajo la lluvia, de dedicar una canción a aquella persona bajo su ventana. Las estrofas han dejado de resonar en los corazones de las señoritas, y los hombres ya no creen en ello.

Ahora el amor se basa en llamar la atención, de la necesidad de estar con alguien, de un par de meses en los que nos sentimos escuchados y nos lo pasamos bien, pero que luego acaba en el charco, tirado, mojado, perdido.

Pocas personas quedamos que vemos del amor, un arte, de cuidar cada partícula, cada bella tontería que podemos realizar, de cualquier estúpida decisión que nos empuja a querer, a cuidar a amar a alguien hasta el punto de quedarnos sin respiración, de pasar horas calándonos en la calle por esa persona a la que queremos ver feliz, y perseguirla con la bici para jurar que nunca la apartarás de tu vida.

Murió lo mas bonito del mundo, lo que calentaba nuestros corazones y los aceleraba cuando nos abraza aquella persona que nos ha rechazado, o que nos ha prometido querernos como se quieren los amantes.

Queda solo el reflejo de lo pasajero, de la mente corrompida por el cuerpo, de la dureza frente a las caricias.

Pasó de largo el interminable café a la luz de la luna para dar paso a la copa en la noche de un bar que cerrará al amanecer.

Murió el romanticismo, solo quedan vestigios que pasan inadvertidos entre la gente, se dejó de amar, de querer, se pasó al poder, al intentar, y al acabar.

Pero aun quedamos gente que lucha por su vuelta, que intenta no conquistar, no ganar, si no volver a enamorar.

Se murió el romanticismo, pero lucho por su resurrección, brindo por su libertad.

sed felices

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