Todo distinto, dos instrumentos distintos y de la misma familia.
Dos instrumentos en manos no profesionales, en manos que temen lo que aman, en oídos que no escuchan el verdadero sonido, impidiendo sacar ese buen sonido.
Sentados en la silla, misma partitura, distintos instrumentos.
Los dedos en posición, arco sobre un instrumento reposando en un hombro, arco que descansa sobre un instrumento que descansa entre las piernas.
Silencio, uno, dos, tres, arcos frotan las cuerdas. y empieza a volar, el cisne inicia sus primeros aleteos, su primer vuelo.
Un vuelo accidentado, con paradas, tanto del líder de gran tamaño, llenando la habitación, como del acompañante mas pequeño, más experimentado, pero no por ello más experto.
El cisne vuela mientras aprende a volar, el cisne se hace bello mientras alza las alas, el cisne no era perfecto, el cisne no era el mejor, pero era un primer cisne recién nacido, un cisne criado entre dos, un cisne bonito hasta cierto punto.
Ambos se escuchan mal a si mismos, pero sin embargo suenan bien para el otro, compañeros, ayudantes, amigos, amantes. Una pareja de instrumentos que lleva al cisne a su primer vuelo, vuelo accidentado, pero que llegará a volar alto.
El cello sujetando a la viola, y la viola ayudando a entonar al cello, un dúo perfecto de armonía, sin una sonoridad que destaque por su alegría, pero que calienta y llena la sala donde suenan.
Aquella tarde de sábado el cisne empezó a volar, el cello y la viola empezaron a sonar.
Un pequeño momento de valor para volar